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La mayoría de los que viajan a Perú llegan para conocer la cultura precolombina e Inca, pero pocos se aventuran a conocer experiencias más emocionantes. En parte se debe a que las alternativas de, por ejemplo, deportes de aventura, son poco conocidas entre los turistas que llegan al país.

Una de las alternativas de aventura que pueden experimentar en Perú, es, por ejemplo, el Sand-Boarding en Huancachina.

Huancachina está a cinco horas de Lima. Éste es un oasis pequeño y lúgubre, donde llega la elite limeña, aunque la ciudad tenga un decadente aire victoriano. Los visitantes, lejos de llegar atraídos por la arquitectura, llegan para vivir la adrenalina, subiendo por algunas de las dunas de arena más grandes del mundo.

La ciudad está rodeada de cientos de dunas de arena, y el paisaje no es muy distinto a lo que puedes ver en el Desierto del Sahara. Las tablas de arena se pueden alquilar por horas en casi todos los albergues de la ciudad, y ahí, los adictos a la adrenalina no tienen que buscar mucho para dar con una pendiente que los lleve hacia abajo.

En Huancachina hay alojamientos baratos que tienen piscina, como para ir después de una jornada de deslizamiento sobre la arena. Los Buses Cruz del Sur demoran 5 horas desde el terminal de buses de Lima a Ica. Desde Ica se toman un taxi y en 10 minutos están en Huancachina.

Otra aventura, más popular por cierto, es caminar por el camino Inca a Machu Picchu. Recorrer este camino es increíble, por los paisajes que te rodean a cada paso. Despertar mirando paisajes boscosos, montañas andinas y la niebla es emocionante.

Caminando por la ruta a Machu Picchu, se puede conocer un puñado de sitios arqueológicos incaicos. Si me preguntan cuál es mejor, quizás sea la ciudadela de Wintildeay Wayna, que es como una mini réplica de Machu Picchu. Desde el puesto militar de Runkurakay las vistas son de lo mejor. La única limitante para hacer el camino del inca, es que se permite subir solo a 500 personas por día como máximo.

Foto/ Flickr (M.K)